Olimpo se tragó el sapo
No importa que en realidad fueran el doble de clubes los que quieren cambiar algunas cosas: los diarios dijeron otra cosa. No importa que la anulación de los descensos sea una opción más de las barajadas: para la televisión capitalina fue la única. No importa que al momento de la noticia la mayoría de los presidentes se borraron: Alfredo Dagna atendió el teléfono a varios periodistas y quedó pegado como el impulsor de la movida.
Las reglas de juego de los medios de comunicación en general, y del fútbol en particular, son difíciles de entender. Y quien no se desenvuelve como ellas exigen, más allá de las valoraciones éticas, paga el costo político que Olimpo está bancando desde ayer. La TV, esa caja boba que llega a todos, ya dio su veredicto, y el pais cree que desde Bahía Blanca se pidió anular los descensos de esta temporada. Punto. No hay vuelta que darle. A bancársela.
La cocina de esta movida es mucho más compleja. Para que se entienda hasta qué punto se manipuló la información, alcanza con un ejemplo: la supuesta reunión en Ezeiza jamás existió, y la mejor prueba de ello es la foto que tomó Aurinegro.com.ar. Allí se lo ve a Alfredo Dagna en la Villa Olímpica observando el amistoso con Vélez, a la misma hora que las radios más escuchadas del país decían que un puñado de presidentes estaba en un restaurante proyectando salvarse del descenso en los escritorios.
Esta dirigencia, con errores y aciertos, demostró que no actúa con mala leche. ¿Por qué habría de conspirar contra la competitividad deportiva de manera tan descarada? ¿Era ese el objetivo de las charlas entre dirigentes? Al menos desde Olimpo, los fines que se persiguen con la reestructuración del fútbol argentino (el sistema de disputa es sólo una pata) son mucho más nobles que eso, por más que en Buenos Aires no lo quieran ver. O no lo puedan ver, porque la cocina de la pelota está muy lejos de la gente. ¿Qué quiere Olimpo? Que los clubes se desenvuelvan con justicia y sentido común. Premiar a aquellos clubes que hacen bien los deberes y sancionar, incluso deportivamente, a aquellos que prometen miles, pagan centavos y deben millones. Pero claro, dar ese pasito adelante es difícil: el club bahiense está al día y en ese sentido forma parte de una minoría muy marcada que no podría imponerse en el Comité Ejecutivo de AFA.Los deudores jamás se castigarán a sí mismos.
La economía de los clubes y miles de políticas que a criterio de Olimpo y muchos más están desactualizadas (mercado de pases, juveniles, seguridad, y la lista sigue) es lo que Dagna y varios más quieren tirar sobre la mesa de AFA. Es un problema histórico y la empresa no es fácil, pero más complicado resulta encarar esa lucha cuando parte de la solución es una propuesta que en una de sus partes comete la torpeza de sugerir la anulación de los descensos, justamente cuando el club que preside Dagna está en la zona roja. Así como hay mucha mentira dando vueltas, eso es verdad. Y si bien el argumento tiene su explicación (“que el cambio lo ejecuten quienes lo impulsan”), este punto es tan fácilmente atacable y peca de tanta inocencia que debilita la posición Aurinegra. Ni los hinchas de River quisieron subir por decreto, ni los de Olimpo o San Lorenzo quieren permanecer en Primera a la fuerza. Y aunque estén lejos de la toma de decisiones, sigue siendo la gente la destinataria más importante del fútbol, el consumidor, y para el pueblo la competitividad de los torneos no se toca. El año pasado la propuesta de una Primera División con 38 equipos duró horas, en parte, por la movilización de hinchas que se anunció a los pocos minutos de conocida la noticia.
La anulación de los descensos es un tema de agenda sumamente recortado por la prensa, pero no por eso falso. Y por las repercusiones de las últimas horas, ya parece un imposible que se concrete. Por eso la intención de Olimpo de hacer valer su buen comportamiento deberá buscar otros caminos que no incluyan esta ventaja deportiva difícil de defender.Eso, si se quiere, hasta sería una buena noticia si no fuera por el costo político de quedar injustamente pegado a una movida conspirativa que no fue tal, y al liderazgo de una reunión que no existió.
Ese daño ya está hecho, pero tampoco es irreparable. Un mal rato, a lo sumo soportar las cargadas de los rivales. Pero a la larga, paso en falso mediante, querer parecerse más a Vélez y menos a San Lorenzo es lo que construirá un club con todas las letras. El unitarismo mediático y las mezquindades de muchos no quieren entender, o simplemente no les interesa que ese sea el camino de Olimpo. Que en Buenos Aires piensen lo que quieren. Por lo menos está bueno que en Bahía se aclaren un poco los tantos.
Tom Wichter



